In crear, cuidar, emoción

A veces las personas se rompen, nos rompemos, por dentro. Eso no es sinónimo de fragilidad en todos los casos, sino de que somos seres sensibles y vulnerables a aquello que nos pasa y nos rodea.

A menudo, desgraciadamente demasiado a menudo, la primera fractura se produce en nuestra infancia y por eso debemos velar tanto por los derechos de los niños y las niñas: para que no se rompan en el momento en que más frágiles son, para que no pierdan la mirada de la sorpresa sobre la vida antes de hora, para que jueguen, salten, brinquen y crean que el mundo es un lugar bueno, acogedor y mágico donde vivir.

Muchas de las heridas que se nos abren siendo pequeños nos siguen supurando de mayores y todo aquello a lo que nos esforzamos en darle imagen de fantasmas y monstruos como si de una terrible (pero real) fantasía se tratase, nos persigue con caras y voces reales en nuestras pesadillas de adultos.

Si la cigüeña nos deja en un buen hogar, nuestra infancia será feliz y plena, como todas las niñas y niños merecerían que fuese. Esta plenitud también debe entenderse, sobre todo en el paso a la adolescencia y la primera adultez, partiendo de que la frustración y las negativas son parte del proceso de vivir y de desarrollarnos como personas, de que no todo sale como quisiéramos o a la primera, que a veces incluso las cosas ni tan siquiera salen y que tras los fracasos se esconden muchos aprendizajes.

En esa época en que a todos y todas nos gusta gustar, es importante aprender que no a todos ni todas gustamos, que sobre todo no debemos tener que gustar a cualquier precio y que, en todo caso, la mejor manera de gustar es gustándose (y aceptándose) a uno mismo.

En este momento de tu casi recién iniciado viaje vital creerás que el tiempo pasa demasiado rápido, que nadie te entiende, que hay que llenar todos los días de experiencias, de fogosidad y de probar y probar y probar. Estate alerta porque no todo lo que pruebes o te inviten a descubrir, te hará bien. Tu cerebro puede ser que no llegue a superar alguna de estas aventuras y disfrazado de diversión por fuera, es posible que te vayas vaciando por dentro. Protégete y siéntete libre de tomar tus decisiones.

Si has transitado por estas primeras fases de tu vida sintiéndote querida, acompañada, si has recibido el amor necesario y también, porque no, han sido amorosamente implacables contigo cuando requerías, llegarás mejor preparada a la vida adulta en la cual aún te esperarán un sinfín de experiencias por vivir. No todas, lamentablemente, serán buenas.

Por tu vida pasarán trabajos, jefes, amistades, parejas, que no siempre serán las mejores compañeras de viaje. Tomarás buenas y malas decisiones, vivirás el éxito y también la derrota y disfrutarás la dicha y el gozo de vivir, pero también te enfrentarás a la pérdida y al duelo. La posibilidad de romperte siempre estará al acecho porque en, muchas ocasiones, deberás surfear la incertidumbre y, pensando que eres tú quien lleva las riendas de tu vida, serán muchas las cosas que escapen a tu control y te conecten con tu vulnerabilidad o la de tus seres queridos.

Si llegas a quebrarte, si llegas a sentir que te resquebrajas por dentro de tal manera que por ti misma no puedas recomponer tus pedazos, busca y pide ayuda tanto profesional como en otras personas a quien les haya pasado algo parecido a lo que te ha pasado a ti.

No te sientas un desheredado de la tierra, ni que lo que te pasa es un castigo divino. No te escondas ni te avergüences porque lo que te pasa, probablemente, le haya pasado a mucha más gente que, como tú, en algún momento se rompió. Es bueno que sepas que la gran mayoría, con ayuda, ha sido capaz de recomponerse.

Los japoneses, cultivan un arte (entre tantos otros) al que llaman Kintsugi, o carpintería de oro, que rescata la belleza de lo roto: con un barniz espolvoreado de oro, une y encaja los fragmentos de las cerámicas rotas dejando visible sus cicatrices doradas, dando valor a su imperfección, exhibiendo la herida que el pasado hizo mella en una metáfora de la importancia de la resiliencia, la resistencia y el amor propio frente a las adversidades. Si alguna vez llegas a romperte piensa en ello, dedícate una mirada apreciativa y piensa que, roto o nuevo, eres irreemplazable y que en esta nueva versión de ti sigues siendo único y maravilloso.

 

Dedicado a todas las personas que me han otorgado la confianza y el privilegio de compartir los momentos en que se han roto y me han regalado generosamente la oportunidad de poder acompañarlas en su reconstrucción. Alex Marieges.

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