In cuidar, voluntariado

Desde la aparición de la metodología Atención Centrada en la Persona (ACP) parte del debate se ha centrado en el despliegue de dicha mirada en los centros geriátricos para cuidar y acompañar a las personas mayores -también mal denominadas institucionalizadas-, así como a los integrantes de los equipos profesionales e incluso a los familiares de los residentes..

Pero ¿no nos olvidamos de nadie? Porque lo que está claro es que hay personas que, de manera altruista, generosísima y absolutamente vocacional deciden dedicar su tiempo a ayudar y acompañar a las personas mayores que viven en residencias. Desde estas líneas, un sentido homenaje a todas ellas.

Por todo ello me gustaría incorporar al argot del sector la siguiente denominación: Atención Centrada en la Persona Voluntaria (ACPV), dejando seguro que para una segunda entrega el concepto de Atención Centrada en la Persona Familiar.

Según la ACPV, la persona voluntaria es el cuarto agente, que, a menudo, interviene en el día a día de una residencia geriátrica.

Su principal perfil responde al de una persona mayor que ha perdido a un familiar en el centro y que, pese a ello, sigue vinculado con él dedicando horas para ayudar a otros residentes. También encontramos a personas que forman parte de algunas de las ONG o asociaciones -como Amigos de los Mayores, Adopta un Abuelo o Grandes Amigos- que se dedican a abordar la tremenda soledad no deseada que, con demasiada frecuencia, afecta a los mayores.

Debido a la brutal irrupción de la pandemia por COVID19, estas personas maravillosas vieron cómo, de golpe y porrazo, se alteró su tarea, a veces invisible pero muy necesaria, en las residencias, ya que inicialmente se les prohibió tajantemente la entrada a las residencias, así como la posibilidad de acompañamiento emocional a los domicilios, donde estas entidades también despliegan su labor.

Pese a que poco a poco parece que su tarea ha vuelto a normalizarse, aunque no en todos los casos, la presencialidad de las personas voluntarias, especialmente en los puntos más álgidos de la pandemia, pasó a ser sustituido por llamadas telefónicas, que en el mejor de los casos y dependiendo de la tecnología disponible, se convirtieron en videollamadas.

Cuando me plantearon la posibilidad de hablar de los cuidados a través de este blog, no lo dude ni un momento. ¿Existen centros o servicios donde se cuide a las personas voluntarias? Creo que todavía no, pero nunca es tarde. Desde aquí hago un humilde llamamiento a las federaciones y entidades de voluntariado para que creen Escuelas de Cuidado de las Personas Voluntarias, que les permita recibir apoyo emocional por las pérdidas que muchos de ellos seguro que habrán padecido por culpa de la COVID19.

A través de estos espacios, los voluntarios podrían compartir sesiones de “reactivación emocional” para poder activarse si han perdido la motivación para poder seguir con aquella tarea que tanto les llenaba.

Estoy convencido que a través de estas escuelas, además de ofrecer apoyo, podremos descubrir y hallar a personas maravillosas que merecen ser tenidas en cuenta y también cuidadas más allá de darles visibilidad cada 5 de diciembre, con motivo de la celebración del Día Internacional de las Personas Voluntarias.

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